La
inauguración de la Catedral de Punta Arena es un asunto solemne. Está claro que
la mayoría de las personas del pueblo han dejado de lado sus tareas cotidianas,
deseosos de volver a ver los festejos del Festival de las Mariposas. Enfrente
del edificio se ha erigido una pequeña plataforma, en el que figuras importantes
de la ciudad se turnan para hablar a la multitud.
goblins cortan, goblins nunca pierden.
Cortar al caballo, ensartar al can,
¡Goblins devoran y toman el lugar!
Goblins corren y goblins saltan,
goblins desgarran y goblins atrapan.
Quemar tu piel y dejarte tuerto,
¡Goblins aquí y te quieren muerto!
Coger al crío y atrapar al cachorro.
Aplastar su cabeza, así cierra el morro.
Que los huesos sean rotos y la carne
cocida.
¡Nosotros ser goblins, tú ser comida!
De
repente, varios goblins irrumpen entre la multitud y los aldeanos congregados
entran en pánico. Algunos goblins van a pie, pero otros van a horcajadas sobre
monturas parecidas a ratas, feas criaturas llamadas Perros Goblins. Unos
esgrimen el armamento goblin tradicional, Rajaperros y Troceacaballos, mientras
que otros llevan antorchas, y tocan con ellas todo lo que es susceptible de ser
quemado. ¡Os dais cuenta con horror que la Catedral de Punta Arena ya está en
llamas!
Los
goblins parecen estar por todas partes, rebanando cuellos y cantando
alegremente. En el centro del caos hay un goblin de aspecto sanguinario montado
en un lagarto gigante que parece estar al mando de los otros. Ligeramente
apartado también ves a un semielfo de pelo oscuro que observa la situación de
forma inexplicablemente calmada.

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