Escenario 1-1: Ataque a Punta Arena. Prólogo


La inauguración de la Catedral de Punta Arena es un asunto solemne. Está claro que la mayoría de las personas del pueblo han dejado de lado sus tareas cotidianas, deseosos de volver a ver los festejos del Festival de las Mariposas. Enfrente del edificio se ha erigido una pequeña plataforma, en el que figuras importantes de la ciudad se turnan para hablar a la multitud.

En primer lugar, la alcaldesa Kendra Deverin hace un breve discurso alabando al fundador de la nueva Catedral, el Padre Zantus, y su decisión de mantener la función multi-confesional de la antigua capilla. Luego el alguacil Cicuta sube al podio y pronuncia un aburrido discurso instando a los asistentes a que celebren el Festival de forma responsable. Uno por uno, los miembros de cada una de las familias aristocráticas de la ciudad entran en escena y pronuncian palabas de elogio para la nueva Catedral. Sin embargo, cuando Lonjiku Kajitsu, el padre de Ameiko, sube al escenario, llega otro sonido hasta el público: el de voces estridentes desafinando una horrible canción.




Goblins mastican y goblins muerden,
goblins cortan, goblins nunca pierden.
Cortar al caballo, ensartar al can,
¡Goblins devoran y toman el lugar!

Goblins corren y goblins saltan,
goblins desgarran y goblins atrapan.
Quemar tu piel y dejarte tuerto,
¡Goblins aquí y te quieren muerto!

Coger al crío y atrapar al cachorro.
Aplastar su cabeza, así cierra el morro.
Que los huesos sean rotos y la carne cocida.
¡Nosotros ser goblins, tú ser comida!


De repente, varios goblins irrumpen entre la multitud y los aldeanos congregados entran en pánico. Algunos goblins van a pie, pero otros van a horcajadas sobre monturas parecidas a ratas, feas criaturas llamadas Perros Goblins. Unos esgrimen el armamento goblin tradicional, Rajaperros y Troceacaballos, mientras que otros llevan antorchas, y tocan con ellas todo lo que es susceptible de ser quemado. ¡Os dais cuenta con horror que la Catedral de Punta Arena ya está en llamas!
Los goblins parecen estar por todas partes, rebanando cuellos y cantando alegremente. En el centro del caos hay un goblin de aspecto sanguinario montado en un lagarto gigante que parece estar al mando de los otros. Ligeramente apartado también ves a un semielfo de pelo oscuro que observa la situación de forma inexplicablemente calmada.

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